La variedad de productos que podemos encontrar puede
resultar desconcertante y emocionante, sin embargo, la cuidadosa selección de
los ingredientes es el primer paso de la elaboración de un plato.
Poco a poco iremos diferenciando que alimentos son frescos,
como saber distinguir entre los mejores y como escoger, con seguridad, entre la
variedad de productos que tenemos a nuestro alcance.
Por ejemplo cómo escoger el queso. Merece la pena comprar el
queso en una tienda de confianza; un comercio que venda mucho tiene más
posibilidades de vender queso con el grado de madurez deseado. Las grandes
diferencias de sabor y textura de los quesos se deben al tipo de leche
utilizada, al proceso de elaboración y tiempo de maduración. Como norma general,
cuanto más viejo sea un queso, más fuerte será su sabor, más seca su textura y
más tiempo se conservará.
Quesos blandos:
Los quesos blancos contienen mucha materia grasa y humedad,
tienen una textura cremosa y se extienden con facilidad. Algunos quesos
blandos, cuando están totalmente maduros como el Brie y el Camembert, sudan
algo. Estos quesos tienen una característica corteza aterciopelada, mientras
que otros como el Pont l’Evéque y el Livarot, tienen una corteza descolorida
más dura y un sabor más fuerte. Los quesos blandos han de ser elásticos al
tacto y tener un olor que recuerde a las nueces, dulce y aromático. No hay que
comprarlos con el interior blanco amarillento o con un fuerte olor a amoniaco.
Los quesos semiblandos como el Reblochon y Port Salut maduran más tiempo y como
contienen menos humedad son más duros y mantienen la forma cuando se cortan.
Quesos duros:
Estos quesos de larga maduración, que generalmente tienen
gran cantidad de materia grasa pero poca humedad, pueden tener sabores suaves o
fuertes y texturas flexibles o desmenuzadas. Algunos quesos de este tipo, como
el Emmental, tienen unos característicos agujeros provocados por una bacteria
que produce un gas y se introduce durante la maduración del queso. Los quesos
duros para rallar como los italianos Parmesamo y Pecorino son los más secos de
los quesos duros. Envejecidos hasta que tienen una textura seca y granulosa, se
conservan durante meses en el frigorífico si están bien envueltos.
Quesos frescos:
Son quesos sin madurar y sin corteza cuya consistencia varia
desde la cremosa y homogénea del queso fresco, el queso crema y el mascarpone,
hasta las mezclas tipo requesón más densas como la Ricotta o el requesón. El contenido
de materia grasa varía y hay muchos quesos frescos desnatados y con bajo
contenido de materia grasa.
Quesos azules:
A estos quesos se les introduce un cultivo bacteriano que es
el produce las características vetas azules. Los quesos azules inmaduros tienen
pocas vetas cerca de la corteza. Hay que escoger quesos con corteza dura y que
no este descolorida por debajo. Estos quesos pueden tener un olor fuerte, pero
no han de oler a amoniaco.
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